En el reino de Boreal, donde el tiempo se detiene,
ella recoge plantas que la tierra le sostiene.
Sus manos trazan círculos entre raíces y rocío,
de campos que despiertan con el primer escalofrío.
Sus elixires se mezclan con la luz del norte,
calman el paso del tiempo y le cambian el porte.
En botes que guardan la crema del bosque,
toda arruga se rinde ante su suave aloque.
Al fuego del crepúsculo, sus cremas preparadas,
superan a la aurora en pieles renovadas.
Bebe hondo, mujer plena, de su esencia pura,
y que tu gracia eterna aflore en tu hermosura.